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miércoles, 26 de octubre de 2011

NEGOCIOS OSCUROS: MÉXICO EN LA CRUZADA ANTICOMUNISTA DE VICTOR ALBA




Victor Alba, el primer anticomunista de México




Victor Alba, trotskista catalán reconvertido en profesional del anticomunismo, vivió en México entre 1947 y 1957. En el segundo volumen de sus memorias, Sísifo y su tiempo, este personaje del exilio español describe con total sinceridad su engarce con el entorno empresarial y político del presidente Miguel Alemán (1946-1952), conocido como el fundador, y accionista minoritario, de  grandes monopolios empresariales, en especial Televisa, reina perpetua de México. Un presidente dócil a EEUU que hizo de la corrupción masiva ley no escrita, tal y como cuenta toda biografía básica de su sexenio:


El presidente generó una cascada de riqueza que se derramaba desde la silla presidencial y alcanzaba todas las estructuras del gobierno, amigos, conocidos y grupos cercanos al régimen “La mordida” creció rápidamente a la sociedad,  fue una época de ostentación, años en que los funcionarios del gobierno mezclaban sin pudor alguno sus negocios particulares, con los negocios públicos, el propio Alemán se beneficio del éxito que alcanzaron muy pronto el desarrollo turístico de Acapulco y el surgimiento de la Televisión Mexicana.


Gracias a esta pieza biográfica, tenemos una curiosa pincelada sobre las liaisons dangereuses entre un sector del exilio español -catalanes de raíz trotskista pero también republicanos "moderados" y otros transterrados de variado pelaje- con la emergente burguesía nacional que en el sexenio del presidente Alemán (1946-1952) se enfeudó en el Partido Revolucionario Institucional mientras tomaba el control económico del país para convertirse en la actual oligarquía mexicana, tras el desmantelamiento del llamado estado autoritario, entre 1982 y 2006.  






El presidente Alemán, inaugurando la ciudad universitaria de la UNAM




Antes que Octavio Paz definiera en su revista de cabecera, Vuelta, que el camino a la modernidad pasaba por Estados Unidos y definiera el rumbo de la eterna transición mexicana  -desmontar el el ogro filantrópico o el aparato estatal que confiscó la revolución mexicana y ahogó la democracia política y empresarial- hubo personajes que tuvieron la misma certera visión y desarrollaron la corriente social-liberal que hoy es moneda corriente en México y en el mundo. El dudoso honor de haber definido el terreno de juego, o la lucha por la hegemonía cultural, recae sobretodo en un periodista y ensayista catalán que bajo el nombre de Victor Alba fue consumado agitador e inteligente analista, siempre al servicio de una causa mayor: el anticomunismo.


Claro que Victor Alba no se entiende sin su primer mentor, Julián Gómez García-Ribera, alias Julián Gorkin (1901-1987), militante comunista expulsado del PCE en 1929 quien luego formó parte de un pequeño partido de oposición marxista, el llamado POUM, que intervino en los hechos de mayo de 1937 y terminó recalando en México donde fundó varias editoriales con otro joven poumista, Bartomeu Costa-Amic, íntimo amigo de Victor Alba, conspicuo miembro de esta pequeña camarilla, cuyo cuarto integrante fue Víctor Serge quien junto a su hijo, el pintor Vlady Kibálchich, mantuvo el fuego sagrado del trotskismo en México.













Este pequeño grupo de catalanes, y anexos, codificaron, antes que nadie, el conglomerado anticomunista que la mafia cultural mexicana - los mandarines que desde 1960 tomaron el control de la cultura mexicana, desde Octavio Paz a Fernando Benítez, pasando por Carlos Monsivais o José Luís Cuevas- hizo suya partir del mandato del presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994). Hablamos de una hermandad formada en el martirologio y el victimismo que jugó toda la vida a imaginarse como solitarios caballeros contra el peor de los dragones, el stalinismo de las mil caras y las mil mutaciones. Su trabajo ha generado, a día de hoy, una versión alterada de la guerra civil que rige como dogma tanto en los medios intelectuales de la derecha neoliberal -Nexos o Letras Libres- como en cenáculos alternativos, próximos al zapatismo. 












Los textos de Burnett Bolloten y Víctor Alba, traductor de Georges Orwell en su periplo barcelonés, así como las obras de Julián Gorkin, editadas también por Bartomeu Costa-Amic fueron claves para  construir





Una escuela propia de interpretación de la Guerra Civil y de la izquierda española de acuerdo con los intereses de la CIA. Se trataba de dar una versión maniquea extremadamente anticomunista del conflicto que situara a los “verdaderos revolucionarios” como víctimas traicionadas por Stalin y por los comunistas españoles aliados de la burguesía española, simplificando al máximo la complejidad de las luchas en la retaguardia republicana y el hecho de que hubieran víctimas y represiones en las que participaron todos los grupos políticos y sindicales.

El papel de la sublevación fascista en estas obras se presentaba como algo anecdótico y más que secundario. Pero lograron crear en ciertos ambientes académicos y grupos izquierdistas el efecto perseguido, que se tradujo en una inmediata repercusión mediática anticomunista: documentales televisivos, artículos de prensa, libros, etc., que mostraba una historia oficial de la guerra completamente favorable a los orwellianos y muy desfavorable para los comunistas y el Gobierno de la República.



Este es un aporte esencial de Víctor Alba en el complejo aparato intelectual de la CIA que bajo el nombre de Congreso por la Libertad de la Cultura nació en Berlín Occidental en 1950 "para consolidar un frente ideológico favorable a los intereses norteamericanos".  Una historia de éxito arrollador que concluye con la demolición del muro de Berlín en 1989 pero que ganó mucho antes la batalla de los corazones y las mentes: el cambio cultural que generaron  varias núcleos académicos -de la Escuela de Frankfurt a Hannah Arendt- y la propia revolución sociológica que tras su cúspide nihilista en 1968 destruyó de cuajo la hegemonía cultural que la revolución soviética y la victoria de la URSS en la II Guerra Mundial dieron al socialismo en todo el mundo. John Holloway, intelectual de cabecera del zapatismo, resume esta tendencia utópico-alternativa nacida de la guerra fría en un título que dice todo: Cambiar el mundo sin tomar el poder, o la mejor herencia del Congreso por la Libertad de la Cultura.





Victor Alba, cortesano del PRI






Este es el mundo que vivió Victor Alba y sus memorias en tres volúmenes son una buena referencia para entender la cruzada anticomunista de 1937 hasta la actualidad. Pero existe otra parte igualmente interesante de esta caballería catalana en su periplo mexicano. Es decir, los apoyos y las complicidades que la pequeña clique de trotskistas consiguió al más alto nivel. El tipo de cosas que nadie cuenta en México. Y eso es lo bueno de Victor Alba. A diferencia de tantos exiliados que aprendieron las reglas de la omertá, el compromiso y la sociabilidad de las élites (motivo por el cual nunca hablaron de sus componendas con el régimen priista),  Pere Pages i Elias sólo residió en México unos pocos años. Por ello, y ya en su vejez, iniciando por ende un nuevo siglo, contó, con brutal honestidad y cierta frivolidad, aspectos relevantes de estas relaciones entre el mundo del exilio y el mundo del poder mexica que casi nunca se dicen de forma tan descarnada.






El Excélsior de Victor Alba






El joven poumista nos recuerda que a su llegada, en 1947, su amigo  Costa-Amic lo enchufó en la Secretaría de Finanzas para redactar una revistilla oficial y en un semanario sionista que entonces apostaba por los atentados terroristas contra el dominio británico de Palestina. Buenos conectes, para empezar. En pocos meses conoce a su tocayo, Pepe Pagés Llergo, futuro director de la revista Siempre, cuyo patrocinador fue, a decir de Victor Alba, el presidente en turno Miguel Alemán. Colaboraciones variadas y prolíficas que no alcanzaban para una vida decorosa hasta que el   recién llegado "se acordó" que el eterno presidente de la república española en el exilio, Diego Martínez Barrios, le dio una carta de recomendación para el Procurador General de la República, Francisco González de la Vega, quien decide promocionarlo al buque insignia del periodismo mexicano, el periódico Excélsior, decano de la prensa nacional que siendo derechista y anticardenista de toda la vida andaba en muy buenos términos con el gobierno "modernizador" y empresarial de Miguel Alemán.












Cayéndole en gracia a Rodrigo de Llano, director de Excélsior, y bajo el apodo de Bertillón Jr, Alba pasó a encargarse de la fuente judicial  donde llegó a conocer perfectamente bien los expedientes y las realidades de la penitenciaria por excelencia, la prisión de Bucarelli, y pudo ajustar cuentas con Jacques Mornard-Ramon Mercader denunciando en Excélsior el nombre y el pasado del asesino de Trotsky. Pero  lo importante es que el medio ambiente del principal rotativo de México combinó perfectamente con su peculiar fanatismo. 


Tal y como expone en sus memorias, la culpa que los comunistas se convirtieran en "censores y controladores de la vida cultural y sindical" se debe enteramente al general Lázaro Cárdenas que no sólo destruyó la vida parlamentaria inventando el temible autoritarismo sino que entregó la hegemonía socio-cultural a los amigos de Moscú. Mostrando una perfecta alineación de intereses materiales y causas espirituales, Alba defiende la obra del presidente Alemán "porqué trataba de deshacer ciertas cosas de Cárdenas".






Lázaro Cárdenas, ¿un peligro para México?






Pese a describir con rasgos galdosianos, las cloacas del periodismo mexicano, donde abundaban los burócratas aviadores y las mordidas son el verdadero sueldo de los redactores, motivo por el cual no hay un solo "periodista pobre", Victor Alba intenta excluirse de este mundo de favores y deberes mutuos. Excepto cuando un artículo suyo hizo enojar al procurador del Distrito Federal. Amenazado por el 33 -artículo constitucional que permite la expulsión automática de cualquier extranjero indeseable- el catalán recurrió al propio director del periódico para conseguir una entrevista con el presidente de México Miguel Alemán Valdés, quien le dio "un número privado de teléfono para que avisara si lo molestaban de nuevo". 




En su ascendente carrera, el amigo Serge le legó su puesto de corresponsal de la revista New Leader de Nueva York, pequeña pero influyente revista de la intelectualidad anticomunista de la costa este que como bien señala el propio Alba, "le abrió muchas puertas" en esta comunidad de inteligencia y cultura que monitoreaba "las actividades soviéticas y comunistas en todas partes". Pero nuestro transterrado se sentía tan mexicano que en un arranque confesional, demuestra que para él las mordidas son cuestión de amistad. Su inclusión en el círculo rojo presidencial, o los profesionales de la información que en cada sexenio reciben favores y honores desde la residencia oficial de Los Pinos, queda demostrada por esta memorable frase que resume su proximidad con Miguel Alemán y su camarilla de nuevos ricos: 




Que se consideraba mexicano en cierta medida se demostró cuando Alemán, poco antes de terminar su mandato, regaló a un grupo de periodistas -entre ellos, S- cien hectáreas de terreno a cada uno, cerca de Tampico. Pero no se ocuparon de hacer rendir la tierra y la perdieron, de acuerdo con la ley.






S es Sísifo, y Sísifo es Victor Alba. A confesión de parte, relevo de prueba, dice un refrán mexicano que seguro conoció bien. Para rematar la confesional, sus simpatías por el presidente Alemán era tan reales como los presentes que aceptó de las arcas presidenciales: "El país se recuperaba de la aplanadora de Cárdenas" y aunque "los amigos de Alemán se hicieron ricos", ellos si "invertían y crearon industrias", entre las cuales, y no es broma, "los vinos y el aceite". Cancelando derechos laborales, abriendo la explotación del petróleo a la iniciativa privada y repartiendo el mercado interior entre influyentes y coludidos, nació la constructora ICA, el productor de cables CONDUMEX, el pegamento RESISTOL o Telesistema Mexicano, más conocido como Televisa, de la cual su hijo, Miguel Alemán Velasco, fue accionista y presidente. Un caso de corrupción demasiado obvio, incluso para la la laxa moral de aquellos tiempos.














Pero las redes que tejió Victor Alba en México van más allá de los negocios periodísticos, ya que su merecida influencia en Excélsior le permitió armar el primer proyecto cultural que rompió "el monopolio" de los comunistas "en las artes y las letras". Se llamó Galerías Excelsior y convirtió la planta baja del periódico en una librería-cafe de "arte y conferencias", con vistas a la siempre elegante avenida Reforma. Los artistas que en poco tiempo iban a destronar a la aborrecible troika de los muralistas comunistoides -Siqueiros, Rivera y Orozco- tuvieron allí un primer espacio de culto donde la prédica del arte por el arte y el fin de las ideologías se concretó en el recambio pictórico: Rufino Tamayo, Leonora Carrington o Remedios Varo tuvieron allí primeriza difusión. No falto en el local ni el cáustico dandy de las derechas, Salvador Novo, ni el poeta Carlos Pellicer o el contemporáneo Xavier Villaurrutia. En sus coquetas mesas platicaban Carlos Fuentes, por entonces un chico de buena cuna, y el incipiente ideólogo del nuevo orden, Octavio Paz, por el cual Alba profesaba total reverencia. Cuando en 1957 dejó el país, "México ya no podía darnos más y nosotros no podíamos dar más a México". 






México en los sesenta; un breve interludio






En su última y provisional estancia en México, a mediados de la década de 1960, Victor Alba se sintió mal. Enojado que la mayoría de sus amigos y todos sus conocidos -desde Carlos Fuentes a Ramon Xirau pasando por Paco Girau o Max Aub- hubieran caído en las seductoras garras del castrismo. Y extrañando la presencia de un idolatrado Octavio Paz, que se encontraba en Nueva Delhi al cargo de la embajada mexicana y no pudo poner orden en el disoluto rebaño. Aunque la futura mafia cultural que Victor Alba promocionó en Galerias Excelsior hubiera triunfado en su cruzada contra la cultura cardenista-comunista, el contagio guevarista de los hijos del desarrollo estabilizador enojaba a un hombre comprometido hasta los tuétanos en evitar el contagio de la revolución cubana por América Latina.






Octavio Paz, jefe de jefes






Su vuelta a tierra mexicanas, es parte de una encomienda para el mismo dueño. 8000 dólares mensuales, una cantidad "insignificante" según Alba, le permiten organizar una revista de agit-prop intelectual llamada Panoramas, succesora de la revista que se repartía entre los clientes de Galerías Excelsior. De nuevo, su socio fue Bartomeu Costa-Amic quien por cierto colaboró con el derrocado gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala, que según Victor Alba estaba "entregado a los comunistas". Aún así, sus pinitos idealistas son irrelevantes ante su trabajo principal: ejercer de coyote, o intermediario editorial, sacando dinero al gobierno del  PRI y desvalijando a todo joven con vocación literaria. Como recuerda el escritor Rafael Ramírez Heredia


Refugiado español desde los años cuarenta, Bartolomé Costa-Amic se vanagloriaba públicamente de su generosidad con los jóvenes, aunque en realidad mentía. Publicaba “con gusto” a los nuevos valores siempre y cuando ellos mismos pagaran la edición. Más que un editor era un simple impresor, de manera que publicar en Costa Amic repercutía en mala fama para los autores: significaba que ninguna editorial seria había aceptado sus obras.




Panoramas llegó a tirar en tres años "casi un millón de ejemplares" con un elenco intelectual que anunciaba tanto el discurso moderador de la transición española -Raúl Morodo, Elias Diáz o Julian Marías- como el triunfo de la generación de la ruptura que por aquel entonces marcaba tendencia en la capital, y su corte literaria, donde destacaba la joven novelista Elena Poniatowska.  

Pero aquellos irrelevantes 8000 dólares, de dólar fuerte y peso no devaluado, tenían su sello habitual. El trotskista catalán era empleado de Sacha Volman, presidente del International Institute of Laboral Relations (IILR), una organización-espejo de la inteligencia norteamericana para infiltrar movimientos sociales y políticos en América Latina. El personaje que Alba prefiere no contar a sus lectores es ciertamente un fenómeno. Dejemos que nos lo diga Jean-Guy Allard:



Nacido en 1924 en Besarabia, Rumania, este hijo de terrateniente, ferozmente hostil a la presencia soviética en ese territorio al concluir la Secunda Guerra Mundial, se activa a favor de grupúsculos anticomunistas, y se hace luego reclutar como colaborador, primero por los británicos de la Royal Air Force, y luego por la inteligencia militar norteamericana.
De este individuo, se cuenta que era de estatura baja, de cabello y ojos negros, y que se comunicaba en ocho idiomas, a veces con un acento rumano tan fuerte que apenas era comprensible.
Después de una estancia en Estados Unidos, aparece en Costa Rica en los años 50 como directivo en el Instituto de Educación Política y el Instituto Internacional de Relaciones Laborales, dos organizaciones claramente identificadas luego con la CIA por ex agentes de la inteligencia norteamericana.
Allí conoce a Juan Bosch, exiliado por la dictadura de Trujillo. El líder político lo invita luego a sumarse a los estrategas de su partido y a radicarse en Republica Dominicana. Al tomar Bosch el poder, Volman es promulgado asesor del Presidente, a quien ofrece la supuesta ventaja de sus presuntos numerosos "contactos" en Estados Unidos.
El enigmático personaje se convierte en hombre de éxito de la "buena sociedad" dominicana, al casarse con la norteamericana Dominique Bludhorn, heredera del magnate estadounidense Richard Bludhorn.
Cuando interviene la invasión norteamericana del 15 de junio de 1965 — 44 000 soldados norteamericanos toman la isla para "evitar otra Cuba"— el agente Volman sigue pegado a Bosch y lo estará hasta su derrota definitiva en las siguientes elecciones de 1966.
En 1970, Volman, después de asesorar a otros importantes lideres dominicanos, se convierte, bajo instrucciones de la CIA, en Asesor Especial para las relaciones laborales de la filial dominicana de la complaciente firma canadiense Falconbridge, transnacional que busca proteger con sus modestos aportes a la inteligencia las minas de níquel que explota en Bonao, en el centro del país.







Sacha Volman y su tapadera de la  IILR sufragaron la revista Perspectivas con fondos de la Kaplan Fund, según corrobora Sísifo y su tiempo, pero esta presunta sociedad de beneficiencia social nunca fue obra de "un socialista polaco enriquecido con las conservas". Se trataba más bien de un trust de fundaciones para vehicular dinero de la CIA y la central sindical de los demócratas, la AFL-CIO, en toda América Latina. 







Nada que no fuera coherente con su postura personal. Aunque le molestara el epíteto de agente de la CIA, Victor Alba nunca se preocupó realmente de borrar las pistas porqué su cruzada estaba muy por encimas de estas nimiedades. Trabajar para el aparato intelectual de la CIA, conocida como Congreso por la Libertad de la Cultural, es algo que sin duda hizo a cara descubierta. Su pasión fue remunerada pero lo realmente interesante del tema, la punta del iceberg, es que el joven traductor de Orwell se integró en el ecosistema político mexicano por la puerta grande. Quiso ser un periodista independiente pero terminó aceptando el regalo que todo rey sexenal concede a su corte de lambiscones: el expolio de lo público.



Epílogo para tiempos desesperados



En su escasa pero concisa crónica mexicana, Pere Pagés alias Victor Alba muestra las redes de poder, complicidad y simpatía que una parte nada desdeñable del exilio español tuvo con el poder priista y sus sagas empresariales. Convertidos en parte integral de la clase dominante, montados sobre los pactos y las fobias de la guerra fría, gentes como Victor Alba terminaron santificando las cloacas del régimen y celebrando sus crímenes perfectos. Por la cruzada, por los cruzados, todo valió. 





Julio Scherer y su equipo, saliendo para siempre de Excélsior


Basta leer una corta anotación sobre México que el veterano militante redactó en 1980 cuatro años después que el director de Excelsior Julio Scherer fuera destituido de su cargo como director general de Excélsior por órdenes del presidente Luís Echeverría: 


Scherer fue eliminado de Excélsior por presiones bajo mano de la presidencia. Estaban hartos que siempre hiciera el juego a los rusos. La misma presidencia le subvenciona un semanario de denuncia para que revele escándalos de aquellos que molesten al presidente


Así pues, el nacimiento de Proceso en 1976 fue un montaje de la presidencia. Añadiendo calumnias baratas a la decapitación de Julio Scherer, Alba desnuda el mundo que ayudó a construir en nombre del anticomunismo y sus daños colaterales, tan inevitables como necesarios: corrupción, desigualdad, crimen, golpismo, fraude, guerra sucia y tutti quanti. La URSS fue vencida y hasta su nombre es tabú impronunciable pero curiosamente los profesionales del anticomunismo son también sombras y cenizas. Terminaron exorcizando el cardenismo pero aliados hasta el fin con la oligarquía priista, aquellos exiliados traicionaron el legado de la república española y la revolución mexicana. Y aunque hoy como ayer se vistan de víctimas, la historia dirá que los vencedores de la guerra fría  dejaron tras de sí un mundo en ruinas. Descanse en paz Victor Alba.










martes, 18 de octubre de 2011

MÉXICO: INDIGNACIÓN Y DESMEMORIA





Tras leer esto que escribe un indignado mexicano, toca que me indigne yo: "España y otros paises ya despertaron, mientras que México y otros mas aún estamos pequeños espasmos, quienes van con debates con planes y con teorias de hacia adonde debemos ir estan confundidos, pues aun no logramos dar el primer gran paso que es quitarle el miedo a una mayoría". ¿En serio alguien puede hablar así?

Esta enfermedad llamada malinchismo se despliega sin rubor alguno en textos como este que se escriben en el grupo de Facebook México toma la calle. Latigazos de soberbia que muestran un profundo desconocimiento del país donde viven que a nivel colectivo se ha levantado en 1985, 1988, 1994 o 2006. 

Un país donde ha habido las mayores y más exitosas movilizaciones por la gratuidad de la universidad pública, las dos grandes huelgas de la UNAM en 1986 y 1999. Un país donde la lucha, la movilización y la resistencia han sido desde hace tres décadas un ejemplo mundial incluyendo el zapatismo, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Enseñanza o el Sindicato Mexicano de Electricistas por ejemplo.

sábado, 23 de julio de 2011

CONTRA EL MARXISMO Y EL ISLAMISMO; LA VERDAD DESNUDA DE LOS CRUZADOS DE OCCIDENTE





"Antes de iniciar nuestra Cruzada, debemos cumplir con nuestra obligación y diezmar el marxismo cultural" dijo Anders Behring Breivik, el multihomicida de Noruega en su testamento final. Para que nadie se equivocara sobre el significado de su acto de terror. 


Los grandes medios procurarán no contarte lo que dijo realmente el último de sus asesinos. Y no es tan complicado. Anders Behring sigue al pie de la letra un pensamiento criminal en activo desde 1917, el anticomunismo


Sus bases mudan en lo accesorio pero se confirman en lo esencial: todo pensamiento, toda acción, todo movimiento o toda religión que no santifique el poder desnudo de la burguesía debe ser eliminada de raíz y por ello Behring arrasó el ágora, el lugar público donde el pueblo y el gobierno construyen la polis, así como un campamento de jóvenes del partido laborista. 


Símbolos antiguos, generalmente caducos, de unos tiempos donde la Europa del trabajo construía un ideal socialista opuesto a la barbarie del capital. No importa el incierto destino del estado del bienestar o la permanente traición de la socialdemocracia.


Para todo verdadero burgués, ellos abrieron la diabólica puerta que va de la revolución soviética de 1917 a la victoria de Hezbolá contra el ejército israelí del 2006. La puerta por la cual millones dejaron de someterse a las castas divinas e hicieron suya la historia. 


Anders Behring Breivik, caballero templario, cruzado antiislámico y "cazador de marxistas" es otro profeta de la oscuridad que cae sobre Europa pero si no vemos tras su siniestra figura los cimientos del orden criminal que sustenta su sed homicida, no habremos entendido nada. 


Si no cruzamos la impudicia de Pilar Rahola, la complicidad de Barak Obama y la hipocresía del New York Times y El País no veremos en su plenitud esta hidra de mil cabezas que busca nuestra completa rendición.


Así que en vez de pedir perdón y avergonzarnos de los héroes que vencieron en 1945 a los abuelos de Anders Behring Breivick, en vez de confundirnos sobre los actos "sin sentido" del nuevo homicida  ¿por qué no vemos los nexos de los mercenarios de Croacia, encabezados por otro sociópata como Eduardo Rozsa Flores, asesino frustrado de Evo Morales, con los amados rebeldes de la OTAN en su cruzada libia así como con los lobos esteparios de Oklahoma y Oslo y así descubriremos qué el enemigo sigue queriendo nuestras cabezas antes, ahora y siempre? 


La certera confesión de este asesino puro ilumina, en su terrible accionar, la tarea homicida de sus iguales que en pleno ataque financiero condenan Europa a la desesperación y convierten el mundo en un lugar  de siervos y feudales. 


La cuestión, la dichosa cuestión, no es saber donde están ellos sino donde estamos nosotros. En la encrucijada, literalmente, todas las vidas penden de un hilo. 


Cosas veredes, Sancho, cosas veredes.


miércoles, 1 de junio de 2011

PORQUÉ LAS CLASES INFERIORES SON RACISTAS Y ODIAN AL BLANCO DECENTE



(¿Odiaba Kunta Kinte al malvado capataz sólo porqué el blanquito era "diferente"?)




La investigación académica proporciona de cuando en cuando un recetario de humor involuntario que ni las mejores comedias de mi admirado Jim Carrey. Vean sino lo que descubrió Johanna Lozoya en un libro sobre la "invención" de la identidad mestiza de México (1). ¿Qué esta es una sociedad xenófoba y violenta? Ciertamente. ¿Qué la sociedad mexicana, fundada en las casas y el malinchismo, vehicula su "intolerancia" mediante un despampantane lenguaje clasista donde todos son nacos, indios, rascuachos, pelados excepto los blancos y los criollos que detentan el poder económico? 


No, pues no. Nada como investigar con beca para descubrir, tal cual hace Johanna Losoya, que "las comunidades asiáticas, libanesas, estadounidenses y europeas han sido marginadas y consideradas otredad y extranjería". Vaya; que la maldad de los pobres y los resentidos "se nota hasta en la manera en que habla y se refiere a otros como los yanquis, los griegos, los indios, los nacos, los gachupines". Mezclando y confundiendo, mi estimada Lozoya olvida el verdadero cimiento racista de este país


En el siglo XX, el único verdadero crimen de odio aplicado a una comunidad extranjera fue en la época de la revolución y tocó a los chinos de Torreón y el norte de México sufrir los asesinatos nada selectivos de la División del Norte y otras tropas insurgentes para quienes esta población asiática, la más pobre de todas las comunidades extranjeras, era lo peor de lo peor: Acusados de traficar con opio y otras prácticas abyectas, los chinos sufrieron lo indecible. Siendo que para el común de los mexicanos eran los amarillos el peldaño inferior de todas las castas, sí sufrieron estos el acoso de las turbas. 


Los gachupines, el mote de los españoles en tierras aztecas, pasaron apuros, expropiaciones y algún asesinato en lugares donde su brutal poder era a todas luces excesivos, desde las haciendas azucareras de Morelos o las grandes propiedades agrarias del norte de México pero nunca hubo, ni cuando las condiciones sociales hacían factible una venganza de clase, tal inquina contra la población de origen ibérico. Desde entonces, sobre ataques racistas a extranjeros  nada hay en México excepto dentro de la calenturienta imaginación de algunos académicos locales.


Las comunidades extranjeras, en especial españoles, libaneses y judíos, son minorías pero como grupos cerrados de poder controlan el engranaje del capitalismo mexicano junto a sus socios políticos mestizos. Por más que les encante descubrirse un poco "victimizados" por el populacho, pues toda burguesía quiere imitar el estilo sionista de usar el holocausto para asesinar y calumniar con patente de corso, la realidad es que no existe en el México del siglo XXI acoso, persecución o marcaje sobre las comunidades de origen extranjero que controlan los resortes de la economía.


Destruido el legado del cardensimo, que creó la idea del mestizaje entre lo indio y lo español, para evitar tanto el malinchismo como la xenofobia, la realidad es que el México neoliberal escenifica el conflicto de clases como un conflicto de castas donde las minorías llegadas de Europa u Oriente Medio son, junto a sus criollos descendientes, reverenciados como el poder sagrado mientras  los indios y los "resentidos sociales" son además de feos y malolientes, gente que odia demasiado.


Si no tenía yo muy claro para que sirve la mirada académica sobre el racismo y las minorías, Johanna Loyoza me lo deja claro. Los inferiores odian a los superiores. Así pues, los negros de Louissiana eran gente malvada que estigmatizaba a sus minoritarios patronos. Los 180.000 mexicanos que controlan en 40 % de la riqueza nacional, la superior casta blanca, son odiados no por el hecho de ser una oligarquía cerrada que destruye la posibilidad de una vida mínimamente igualitaria en México sino por el hecho de ser "diferentes". Es lo que tiene ser posmoderno. La víctima es el verdugo y los burgueses son "esos raros" que debemos amar y respetar porqué son la otredad sagrada. Chapeau Lozoya, ahora entiendo porqué el antirracismo derivó en apología de las clases dominantes !


domingo, 29 de mayo de 2011

LO OCULTO, LO PÚBLICO Y NOSOTROS








Conviene evitar, a mi entender, dos tentaciones mayores al analizar las cuestiones políticas en el siglo XXI. Por un lado, el maniqueísmo y el pensamiento gnóstico que convierte todo lo que sucede en un conspiración de poderes ocultos que en un juego siniestro manipulan cualquier cosa que se vea en la superficie pero que en realidad se cocinan siempre arriba y fuera de nuestro control. Por otro, el pensamiento naïf que heredado del 68 y su torrente de performances callejeras genera el kumbayismo o la desaparición de todos los conflictos en aras de otro maniqueísmo del todos contra el mal difuso, pero fuera del mundo real de la política, el poder y la lucha de clases

El estallidodo de un mundo donde las idelogías tenían ubicación física y geoestratégica ha generado un concepto unipolar y posmoderno que usa el lenguaje de la revuelta sesentayochista en contra, por ejemplo, de estados que asumen el legado de la era progresista, basado en el control de los recursos naturales por los pueblos vs. el esquema rentista del capital. Es lo que por ejemplo sucede en la actual guerra de Líbia con la complicidad de muchos que apoyan el movimiento 15-M. Pero igual el maniqueísmo lleva también al absurdo y a la reacción. Si la detención de Dominique Strauss-Kahn se convierte en una conspiración imperial acabamos olvidando aquello que James Petras define con todo rigor:

"El hecho de que algunos sectores de la «izquierda» en Francia y Estados Unidos afirmen que DSK es una víctima de una «conspiración de las élites» es una señal indudable de la degeneración total y absoluta en que viven y de la perversión de cualquier cosa que se parezca a una actitud progresista. (...) El «socialismo colonial» en Europa, igual que el «liberalismo imperial» en Estados Unidos, tiene una larga e ignominiosa historia: ambos «confían» en la declaración de inocencia de un financiero procesado antes que en las acusaciones de una empleada de la limpieza negra e inmigrante, cosa nada rara. Tienen toda una trayectoria de conversión de delincuentes en víctimas y de víctimas en conspiradores... delincuentes".

Considerar el mundo un lugar donde estamos fatalmente sujetos a los poderes ocultos implicaría pensar que Vladímir Ilich Lenin era agente alemán porqué usó el tren que le ofreció Berlin para su traslado a San Petesburgo. Y de ahí al ridículo sólo hay un paso. Distinguir y jerarquizar es tan esencial como usar la razón política para que incluso movimientos como el de los indignados, caótico, demasiado confuso pero nacido de la realidad española -treinta años de derrotas, apatía y rollo consensual-  no terminen siendo juzgados por lo que nunca pudieron ser. Desde mediados de los ochenta, tras la gran despedida y cierre del referéndum de la OTAN, hasta las manifestaciones contra la guerra de Irak, en 2003, la retirada de la izquierda fue tan absoluta que quitando a Julio Anguita no había de donde levantar nada sólido.   

La imprevisible evolución del movimiento 15-M, un poco más sólido desde la agresión policial del viernes 27 de mayo, no la podemos definir como oráculos de Delfos. Confieso que igual que no fui capaz de resistir el consenso de mínimos, el "españoles only", el tabú de las multinacionales españolas, el ambiente de barrio sésamo de la sección mexicana de la acampada, finalmente irrelevante para la lucha que se libra en España, tampoco quiero ni puedo convertirme en un francotirador monomaníaco que usa su pluma para negar toda posibilidad de cambio social nacida de las plazas de los indignados. 

Finalmente, lo que suceda depende de muchos factores y aunque yo pueda sentir que esta época es un derribo de derribos mi punto de vista no cambia nada. Donde yo pueda estar, estaré, donde yo pueda hablar, hablaré, y donde deba denunciar denunciaré, tal cual hice en el caso de la agresión imperial contra Líbia. Pero en el expediente español, hay que ser francos: Antes del 15-M, la degradación de partidos y sindicatos, en su implícita aceptación de la doctrina del shock, era ya tan grande que acusar a este amorfo movimiento de ser un invento manejado por los poderes ocultos de siempre es no ver que estábamos en la lona y nada podía ser peor que la fatal inactividad de la resignación, consecuencia del gran engaño de la huelga general de septiembre del 2010 y la venta al por mayor de los sindicatos mayoritarios.

El maniqueísmo y el kumbaismo son hermanos siameses. Laberintos de la mente que conducen igualmente al autismo desolador. La acción humana sigue estando allá donde menos la esperamos y aunque no podamos ver el sentido final de este juego, lo cierto es que esta vez la pelota está de nuestro lado. La victoria popular del 27-M es algo de lo cual podemos sentirnos orgullosos. Simientes de algo en ciernes donde podemos quizás dejar de contar derrotas. Puede que no sea mucho pero entre la nada y el vacío, esto es lo que hay.  Y es más que cero, ¿verdad?

jueves, 12 de mayo de 2011

NOSOTROS, LOS CAINISTAS







Cada vez que leo algun texto de la autoproclamada izquierda anticapitalista no tardo ni dos minutos en encontrar espectaculares citas de Trotsky sobre hombres ebrios de sangre que masacran a personas indefensas (el linaje de Caín que va de Lucífer a Stalin pasando por Gadafi o Milosevic) así como sesudos comentarios de geopolítica internacional que superan lo inconcebible.  Marcelino Fraile, un iluminado maestro de Barakaldo y digno representante de Izquierda Anticapitalista, escribe por ejemplo palabras de fuego en un blog muy anti (1). "Y que a Rusia, China o Cuba lo único que les interesa es la vuelta rápida al gran negocio del capitalismo salvaje, por eso no apoyan las revueltas" Sin obviar a Chavez que "prefiere apostar por mantener sus alianzas, negocios y amistades con los dictadores poseedores de petróleo". Pero luego de cargarse finalmente a todo los cainistas camuflados de socialistas buenos, Don  Marcelino se cansa de toda el sonsonete trosko de mandemos armas e instructores, bloqueemos Líbia pero por favor no mandemos aviones de la OTAN que es un poco antiestético. En un acto de psicótica honradez, escribe el susodicho: 

"Si bien es cierto, que con los bombardeos quirúrgicos (o de la OTAN) también se dañan células vivas, tejidos y defensas y que no garantizan la curación total del paciente; estos protocolos si que han demostrado su eficacia para mantener con vida a muchos seres humanos, que ademas durante mucho tiempo continúan heroicamente luchando por vivir".



viernes, 6 de mayo de 2011

CONFESIONES DE UN HOMBRE ENOJADO









Desde la lejanía, y en un clásico síndrome de expatriado, desaparece la justa medida. Todo lo que llega de tu patria pasa por un filtro extremo. Lo que quisieras o imaginarias sobre la Cataluña ideal topa con el rumbo real que poco a poco va tomando la política, la cultura y la ideología predominante. Enoja darse cuenta que el país que tu contribuiste a armar es esta amalgama neocon, cerrada y autista que hoy marca la línea. Aunque esta imagen tampoco sea del todo real. Es la imagen del mundo que yo contribuí a crear y que no depasa el 15 o 20 % de la población. De Miravet a Berga, hay muchas Catalunyas que no necesitan istmos ni peajes patrióticos para que uno se sienta en casa. Supongo y afirmo.


Sucede que desde México los compromisos con la realidad catalana -todo lo que uno debe callar en cualquier sociedad para no entrar en follones permanentes- desaparecen.  Así que en el espejo de tu vieja militancia ya no te reconoces, y por eso estalla, sonora y locuaz, la fractura inevitable.

Antes que me fuera era ya un extraño en mi ciudad. Mi historia es una pelea solitaria y básicamente absurda contra dos religiones que dominan el espectro de las lealtades, la cultura y hasta el vermut dominical: catalanismo y españolismo. Recorrí todos los caminos de un extremo a otro, cambié incluso de bando, volví a la "casa gran" del nacionalismo catalán, me enfrenté a aquellos que pareciendo críticos de la omertá catalana -compañeros de viaje fueron- buscaban tan sólo el cobijo de los Madriles. Pero no volví a casa alguna. Al fin, los movimientos, como las manadas, tienen sus reglas sagradas. Y quien un día se va no vuelve nunca. Si encima miras atrás para ver lo que eras te conviertes en estatua de sal. En eso me convertí, claro. Y por eso nadie extrañó mi marcha y nadie extrañará mi vuelta.